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Cuando se muere una mascota |
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Lic. Paula Arista Para muchos niños, su primera experiencia real de una pérdida ocurre cuando se les muere una mascota...
Cuando se muere un ser querido, como nuestra mascota, los niños necesitan mucho más consuelo y afecto que explicaciones médicas o científicas complicadas.
Las reacciones de los niños ante la muerte del animal van a depender de su edad y nivel de desarrollo. Entender la muerte requiere tiempo. Los niños de 3 a 5 años de edad ven la muerte como algo temporario y potencialmente reversible. Entre las edades de 6 a 8 años, los niños comienzan a desarrollar un entendimiento más realista sobre la naturaleza y consecuencias de la muerte. Generalmente no es hasta los 9 años de edad que los niños entienden en su totalidad que la muerte es permanente y final. Por esta razón, a los niños muy pequeños se les debe decir cosas más concretas, es decir: “ cuando se muere un animal éste se deja de mover, ya no puede oír ni ver y no se va a volver a despertar. Puede que ellos necesiten que se les repita varias veces esta explicación. Hay muchas formas mediante las cuales los padres pueden decirle a sus hijos que se ha muerto su animal. Resulta difícil para los padres hablar de la muerte con sus hijos, ya que la muerte de una mascota puede hacernos tomar conciencia de nuestra propia muerte. Además ésta puede revivir situaciones de pérdida propias en nuestra historia que generan mayores tristezas. Ayuda encontrar una oportunidad para estar tranquilos con nuestros hijos, usar una voz calmada, abrazarlos y decírselo en un ambiente familiar. Es importante ser sincero cuando se le dice al niño que se murió su animal. Tratar de proteger al niño con explicaciones vagas o inexactas puede crearle ansiedad, confusión y desconfianza. Los niños a menudo tienen preguntas después que se muere su animal incluyendo: ¿Por qué se murió mi animal? ¿Fue culpa mía? ¿A dónde va el cuerpo de mi animal? ¿Volveré a ver a mi animal? Si yo lo deseo mucho y me porto muy bien, ¿puedo hacer que mi animal regrese? ¿La muerte dura para siempre? Es muy importante contestar tales preguntas de manera sencilla pero sincera. Los niños pueden experimentar tristeza, ira, temor, negación y culpabilidad cuando se muere su animal. También pueden ponerse celosos de los amigos que todavía tienen sus respectivos animales. Cuando el animal se enferma o se está muriendo, hay que tomarse el tiempo para hablar con su hijo acerca de sus sentimientos. Si posible, es de gran ayuda el que el niño le diga adiós al animal antes de que éste muera. Los padres pueden servir de modelos al compartir sus sentimientos con los hijos, decirles que es normal extrañar a su animal después que muere y brindarles un espacio para preguntas o para consuelo y alivio. No hay una manera preferible en la cual los chicos lamenten a sus mascotas. Ellos necesitan que se les dé tiempo para recordar a sus animales. Hablar acerca del animal con amigos y familiares ayuda. El niño tiene que hacer el duelo por su animal a su modo. Después que el animal se muere los niños pueden querer enterrarlo, llevar a cabo un acto conmemorativo o tener una ceremonia. Otros niños pueden escribir poemas e historias o hacer dibujos de su animal. No es siempre preferible el reemplazar al animal muerto enseguida. La muerte del animal puede causar que el niño recuerde otras pérdidas dolorosas, o eventos inquietantes. Un niño que aparenta estar abrumado por la pena y no es capaz de funcionar en su rutina normal se puede beneficiar de una evaluación por un psiquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud calificado. Todos atravesamos las pérdidas de los seres queridos y eso nos hace crecer, y no es posible evitar que nuestros hijos también sufran y crezcan. Acompañarlos es el mejor consuelo para ellos. Fuente: http://www.mamasymas.com.ar www.todosobreelbebe.com |
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Modificado el ( domingo, 01 de agosto de 2010 )
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